La República Dominicana siempre ha tenido la presencia de la corrupción administrativa como expresión de la debilidad institucional que ha caracterizado al Estado.
Sin embargo, en las últimas administraciones gubernamentales se ha sentido con más fuerza la presencia de la corrupción en la administración pública.
Denuncia tras denuncia de funcionarios que han usado la corrupción como buque insignia de sus apetencias personales y forma de enriquecimiento rápida de manera ilícita.
La relación dialéctica entre Estado y gobierno en la República Dominicana está caracterizada por una mayor fortaleza del gobierno frente al Estado, lo que trae como consecuencia que los miembros de ese gobierno puedan delinquir sin que el Estado tenga la suficiente fuerza para castigarlos.
Esa debilidad institucional que se expresa en la debilidad del Estado permite la presencia de la impunidad frente a los actos de corrupción que cada cierto tiempo salen a la luz pública.
Se hace necesario hacer las reformas indispensables para crear un Estado fuerte que esté por encima de los gobiernos que se suceden cada cuatro años; sólo así la sociedad dominicana puede combatir con eficiencia los actos de corrupción practicados por indolentes y desaprensivos funcionarios que nada tienen que envidiarle al tigueraje.