Juan Manuel Rosario: Carta abierta a Luis Abinader

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¿Usted representa los intereses del Estado dominicano o la agenda de fuerzas externas contrarias a la República Dominicana?

Luis AbinaderSeñor

Luis Abinader

Candidato del Partido Revolucionario Moderno (PRM)

La República Dominicana ha conocido desde su nacimiento, en el año 1844, dos comportamientos que son diametralmente opuestos: el comportamiento que aglutina a los que no creyeron ni creen en la República Dominicana como Estado independiente; y por el otro lado, se agrupan los que creyeron y creen que era y es posible desarrollar todo el potencial del Estado dominicano independiente y soberano, desde las perspectivas económica, social, política y cultural.

 ¿Con cuál de los dos comportamientos se identifica el candidato del PRM?

El silencio sepulcral que el candidato a la presidencia del ese partido ha mantenido frente a un aspecto de cardinal importancia para la existencia de la República Dominicana como Estado, como es el de mantener su plena soberanía, es a todas luces cuestionable y muy preocupante.

¿Cómo puede ser entendible que un candidato a la presidencia de la República, que aspira a dirigir los destinos del país, se haga el indiferente frente a todas las acusaciones que le han hecho a la República Dominicana en torno a los problemas migratorios, y particularmente con la inmigración haitiana hacia el territorio dominicano? ¿Es que ese candidato piensa que eso no tiene importancia?

¿Es que la legalización de cientos de miles de extranjeros irrespetando nuestras leyes y la Constitución no tiene importancia?

Si ese candidato piensa de esa manera, quiere decir que desconoce los reales problemas de este país; pero más lamentable sería que su comportamiento obedeciera a algún interés personal de él o de cualquier allegado a su entorno; o porque, por una razón u otra, como persona no se sienta identificado con la política migratoria que se debe aplicar en la República Dominicana para preservar la integridad soberana del Estado.

¿Por qué sería muy preocupante?  Porqué usted, de llegar a la presidencia de la República, no estaría para hacer la política de su gusto personal, sino la que emane de las necesidades y de las instituciones establecidas por la Constitución y las leyes dominicanas.

Mucho más preocupante y delicada es la situación, si como candidato tiene el papel de impulsar la Agenda Internacional que se quiere ejecutar en la República Dominicana, la cual se sustenta en tres ejes fundamentales: El eje migratorio, el eje basado en no respetar la vida desde el mismo momento de la concepción, y el eje sustentado en el de sepultar la integridad de la estructura familiar dominicana.

Esos tres ejes chocan de manera frontal con la tradición histórica de la República Dominicana. Desde el 1844, la República Dominicana ha sido coherente, consistente y beligerante en la política frente a Haití; sólo sufriendo esa política debilitamientos ocasionales, siendo uno de esos momentos ocasionales, donde el descuido ha alcanzado niveles alarmantes, el que se inició en los últimos años hasta el día de hoy.

Si bien es cierto que en otros tiempos a la República Dominicana ingresaron inmigrantes en condición de ilegalidad de manera persistente desde la República de Haití, también es indiscutible que hubo una actitud por parte del Estado dominicano apegada a la defensa y la preservación de la integridad soberana frente a los vínculos con el Estado haitiano; ya que la vida del Estado dominicano es consustancial con la existencia de una postura bien definida frente a Haití como institucionalidad estatal.

En el marco de las relaciones internacionales es correcto, inteligente, buscar acercamiento con Haití ¿Qué hacemos con los haitianos que son repatriados desde la República Dominicana hacia Haití y que ésta última se niega a recibir? ¿Nos quedamos con ellos?

El acercamiento con Haití siempre hay que propiciarlo en el marco del respeto a la soberanía dominicana; no puede haber un acercamiento para ceder soberanía, usando como discurso una supuesta modernidad globalizante que no es más que la falta de amor al país y una expresión muy clara de alienación cultural, así como ausencia de templanza de carácter, igual que la exhibida por los anexionistas, antes, en el momento y después de la Independencia de la República Dominicana en el 1844, los cuales siempre tenían un pretexto para justificar la búsqueda del protectorado o la anexión de países poderosos y “modernos”: o de España, o de Francia, o de los Estados Unidos…

No se debe propiciar conflicto con Haití; pero la soberanía dominicana tiene que ser respetada.

Son los mismos argumentos de ahora, los usados en el ayer para despreciar la vida del país; no creían en la República Dominicana, procuraban siempre agradar al país poderoso, preferían ser colono del imperio que ser ciudadano dominicano; idéntico a los de ahora en cuanto al espíritu servil; están colonizados espiritualmente.

La diferencia del ayer con el hoy es que ahora son menos dignos los extranjerizados; son colonos culturales y servidores económicos de intereses foráneos en calidad de siervos desechables.

Nuestros antepasados han actuado de manera firme y coherente en la aplicación de la política del Estado dominicano frente al Estado haitiano; en todos los gobiernos que hemos tenido a partir de 1844 ha sido así, aun cuando fue considerado débil, inepto, el gobierno de Manuel Jiménez frente a la incursión en el territorio de la República por parte de Soulouque en el 1849,lo que provocó la salida de Jiménez de la presidencia de la República; o cuando Gregorio Luperón le criticaba a Ulises Heureaux la falta de firmeza frente a Haití.

Fruto de esa actitud de los dominicanos frente al Estado haitiano logramos vencer las huestes haitianas en el año 1844, 1845, 1849 y 1855, donde es sabido por todos los dominicanos la valentía que fue exhibida por este glorioso pueblo en El Memiso, Cachimán, El Número, La Estrelleta, Santomé, Batallas del 19 y 30 de marzo del 1844…; ahí se destacaron hombres con talla de reciedumbre indiscutible, como Antonio Duvergé, los Hermanos Puello, José María Cabral, José María Imbert…, por solo citar algunos.

Independientemente de las dos corrientes en el Estado que han surcado la historia de la República Dominicana, conservadora y liberal, siempre pervivió un espíritu preñado de actitud firme frente a las pretensiones haitianas de querer mancillar la dignidad de los dominicanos, de la manera y al costo que fuera necesario.

¿Cuántas veces los dominicanos han invadido a Haití? Tendríamos también que preguntarnos ¿cuántas veces los haitianos han invadido a la República Dominicana? La casi segura respuesta es que la iniciativa de agresión nunca ha salido desde el territorio dominicano, porque los dominicanos somos un pueblo compuesto de hombres y mujeres abanderados de la paz y de amor hacia el prójimo.

Siempre hemos estado a la defensiva, defendiéndonos de las agresiones externas, particularmente del vecino que está al oeste de la isla.

Y hoy sectores externos, como internos, pretenden imponer a la República dominicana la agenda a la que hemos hecho alusión: El eje migratorio, el de obligar a la República Dominicana a cargar con la población haitiana, el eje basado en no respetar la vida desde el mismo momento de la concepción, y el eje sustentado en sepultar la integridad de la estructura familiar dominicana.

Es una agenda que no toma en cuenta los ideales del patricio Juan Pablo Duarte, que cuando concibió nuestra bandera lo hizo tomando en cuenta que Dessalines había instituido como pabellón de Haití la misma bandera francesa, extirpándole el color blanco, alegando que el mismo le había ocasionado mucho dolor y sufrimiento a la población establecida en ese territorio.

En tal sentido, Juan Pablo Duarte tomó los mismos colores y le cruzó el color blanco en forma de cruz, partiendo de la convicción de que la cruz no es el símbolo del padecimiento, sino el de la redención; o sea, que los símbolos patrios de la República Dominicana expresan el sentimiento cristiano en su conformación, el cual tiene como eje central el amor al prójimo y la integridad de la familia.

¿No se debe profesar amor al prójimo desde que se encuentra en el vientre de su madre?

¿Debe la República Dominicana abandonar las enseñanzas cristianas, base de la existencia de la República Dominicana?

El candidato del PRM está rodeado de todos aquellos que adversaron la Sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional y de los que representan la agenda externa contra la República Dominicana.   ¿Por qué?  ¿Simples coincidencias?

Nunca he podido entender cómo personas que dicen ser abanderados de los derechos humanos y de la Convención Interamericana de los Derechos Humanos, estén propiciando el irrespeto a la vida desde el momento de la concepción, precisamente en nombre de los Derechos Humanos; ya que dicha Convención establece el derecho a la vida desde el momento de la concepción.

Lo correcto sería que denuncien la Convención Interamericana de Derechos Humanos, ya que esa Convención dice en su artículo 4: Toda persona tiene derecho a que se respete su vida.  Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción.  Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente.”

Es como decir que se defienden los derechos humanos para una cosa y se agreden para otra.

Igual sucede con el matrimonio; no es concebible, para el interés general de la nación, que intereses foráneos, desconociendo la cultura familiar dominicana, intenten doblegar los principios dominicanos en torno a la cultura que predomina en la sociedad relacionada con la existencia de la familia como eje cardinal de la vida social de la República Dominicana.

Es lo mismo que acontece con la situación migratoria dominicana, quieren violar la soberanía dominicana, imponiéndole la asunción de una población extranjera, teniendo como aliado esas pretensiones la existencia de una clase política, a la que su candidatura responde, complaciente en ese sentido.

Para justificar esos propósitos contrarios al interés general del país, hay quienes argumentan que Máximo Gómez dijo que lo humano está por encima de la raza; y que por vía de consecuencia, según quienes así razonan, la República Dominicana debía olvidarse de sus derechos soberanos de aplicar sus leyes migratorias en aras de beneficiar a las personas que ingresan al territorio de la República, porque lo humano está por encima de la frontera.

Es uno de los argumentos más absurdos, sustentado por personas con serias dificultades para entender la historia; forman parte de los argumentos más inverosímiles de los que ha escuchado la población dominicana en los debates que se han llevado a cabo en el país en torno a la situación y la política migratoria que debe llevar a cabo el Estado dominicano.

Olvidan esas personas que cuando Máximo Gómez dijo eso, sólo quiso decir que cuando se lucha por la independencia y la libertad de un país, se está haciendo en función de defender a la humanidad entera; la lucha de ese gran dominicano en Santomé en el año 1855 contra los haitianos, él la consideraba como una batalla por su pueblo, el dominicano, a favor de seres humanos; era una lucha por los derechos humanos de los dominicanos, porque la lucha por el derecho de los dominicanos a ser independientes era una lucha por los derechos de toda la humanidad.

Él fue a ese combate no a abrazar a los haitianos, sino a combatirlos; lo mismo que sucedió en la Guerra de Independencia de Cuba, en la que él combatió con bravura indiscutible la presencia española en esa isla; él no fue a dar besos y abrazos a los españoles, sino a sacarlos del territorio cubano, porque entendía que en Cuba se estaba librando la batalla por la humanidad.

Es que el derecho de un pueblo a ser soberano, a ser independiente, es el más auténtico derecho humano dentro de los derechos humanos universales.

Es por esa razón que se preguntan, los dominicanos preocupados por este país, ¿en qué posición está el señor Luis Abinader? Porque, para muchos dominicanos, usted da la impresión inquietante, con razón o sin ella, de que el país en sus manos correría un gran riesgo, a tal grado que podría incrementar las posibilidades de terminar de hacer añicos la soberanía de la República.

La candidatura a la presidencia de la República por el PRM, quizás sin proponérselo, de acuerdo a la visión de muchos dominicanos, proyecta la imagen de vivir en la República Dominicana y pensar en extranjero, como si se tratara de un ferviente abanderado de los ideales extranjerizados de la corriente de Báez, Santana…

¿Pero quién representa la corriente Duartiana actualmente?

Es difícil para los dominicanos la situación que de manera deliberada le han planteado en las actuales circunstancias históricas; es como si al pueblo dominicano sólo se le presentaran dos opciones: la primera opción, entregar el país; la segunda, entregar el país. La primera, la reelección, y la segunda, usted, como candidato del Partido Revolucionario Moderno (PRM).

Entonces, al pueblo lo han puesto a preguntarse ¿por quién votar en el 2016? ¿Por la reelección o por Luis Abinader? Es casi seguro que la respuesta de muchos ciudadanos es: por ninguno de los dos; en usted ven el instrumento para aplicar la agenda extranjera, y en el otro también; teniendo usted un elemento en su contra, y es que, según algunos sectores “es mejor malo conocido que bueno por conocer”.

Aunque otros dirán que para el pueblo dominicano lo saludable e inteligente no es decidirse por la lógica de que “es mejor malo conocido que bueno por conocer”, sino preguntarse ¿quiénes son los buenos ya conocidos? ¿Quiénes son los malos ya conocidos?

El candidato del PRM no hizo gran esfuerzo por diferenciarse de la propuesta gubernamental. y hoy participa en el mismo escenario electoral de su contrincante, constituyendo eso una desventaja importante frente a la oferta del candidato del gobierno.

¿Si es lo mismo que el otro, por qué votar por él?

Es una situación caracterizada como si estuviésemos frente a Santana y a Báez, los dos extranjerizados, mirando hacia el extranjero, porque ambos dan la impresión de no mostrar un sólido apego a los intereses del Estado dominicano.

Sin embargo, hoy como ayer, existía y existe una corriente, que es la Duartiana, no estructurada en toda su dimensión aún, que tiene la firme convicción de que la República Dominicana debe transitar un camino diferente; un sendero hacia el desarrollo íntegro y de plena soberanía del Estado dominicano, donde se respeten los valores patrios y se le garantice una mejor vida social, económica y cultural a cada uno de los dominicanos.

Ayer, a los extranjerizados se les llamaba “conservadores”, y a los defensores de la soberanía plena y la independencia de la República se les consideraba como “liberales”; y hoy los conservadores han querido arrogarse el título de liberales, ponerse el traje de liberal, pero parece ser que le ha quedado muy grande, porque el que le ajusta es el de conservador, de aquel que siempre tiene miedo a defender con gallardía los intereses de la República, porque desconfía de los bríos y la energía del pueblo dominicano.

Eso convoca a los dominicanos a tener que propugnar por una segunda Restauración de la República, que permita restaurar los principios y valores que le dieron origen al Movimiento de La Trinitaria en el 1838, y que tomaron vida en los primeros días de 1844.

La Segunda Restauración, señor Luis Abinader, conllevaría anular todos los actos que se hayan llevado a cabo en la República Dominicana contra la soberanía del país, sin importar lo que suceda; porque el pueblo dominicano ha demostrado ser una legión de hombres y mujeres que nunca ha evadido el compromiso de defender su libertad, tal como lo demostró el 19 y el 30 de marzo de 1844, en el año 1845 y 1849 en El Número, La Estrelleta, en La Restauración, en el 1916 , en el 1965…

Que no le quepa la menor duda a usted, candidato del PRM, así como al actual Presidente de la República, que el pueblo dominicano sabrá levantar la bandera de su dignidad como pueblo.

Atentamente,

Juan Manuel Rosario

@JuanMRosario

juanmanuelrosario.rd@gmail.com

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