El valor de la lealtad

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Por considerarlo de sumo interés, por los temas que encierra, la lealtad, el agradecimiento, la nobleza, sinceridad, el amor, la amistad, la devoción…, sentimientos escasos y que se contraponen a los existentes en un mundo caracterizado por el individualismo, egocentrismo, ingratitud, ambición, envidia, voracidad, deslealtad…, Opinión Digital reproduce esta hermosa historia de Norka Korda (hija del famoso fotógrafo Alberto Korda, quien inmortalizó muchas de las fotos de Fidel Castro y el Ché). Porque esos sentimientos que reflejan la presente historia, tenemos que, y debemos recobrarlos, para poder sobrevivir en este universo donde solo importa lo mío, lo particular; donde predominan las mezquindades, la injusticia, la insensatez, la sinrazón, la mentira y el engaño; donde muchas veces ya no se puede hablar de seres humanos, sino de jauría, de manadas, de piara…

Sin más palabras, a continuación, lo que titulamos:

El valor de la lealtad

norka-korda-collage-1Por: Norka Korda

“Ésta es una buena historia. Representa a una familia que siente un amor profundo por la revolución y por Fidel, ellos son el padre, la hermana y la sobrina de aquella niña legendaria que mi padre inmortalizó y que muchos conocen como “La niña de la muñeca de palo”.

La primera fotografía del post es de mi madre haciendo un trabajo publicitario en una zona remota de Pinar del Río; la casa que se ve al fondo, es la casa donde vivió esa niña y su familia; y el patio trasero exterior fue el lugar donde la encontró papá jugando con su muñeca de palo y un pedazo de papel que era su “ropita”, -de la muñeca-.

La imagen salió en primera plana del periódico revolución y sucedió que las personas de la ciudad, al verla, se conmovieron de tal forma que ese año, para el día de reyes, todas las familias cubanas de clase media y otras más, compraron y donaron juguetes para los niños del campo como Paulita. Mi padre llevó la fotografía a la familia y también una muñeca a la “modelo” que hizo semejante prodigio al movilizar tal despliegue solidario.

Yo conocía la historia, pero a pesar de que mi padre siguió por muchos años visitando a la familia, jamás llegué a estar presente, conocí incluso el momento en que Paula, ya casada y de profesión enfermera, enfermó de leucemia y murió a la edad de 21 años.

Su familia era muy cercana a mi padre, gente realmente humilde, la casa era un préstamo otorgado por el dueño de todos los terrenos tabacaleros de la zona que había dado el permiso de vivir en ella al campesino que era hijo del hombre de su confianza con un descuento del salario mensual. Cuando el hijo se casó, el hombre pidió a su jefe que le prestara la vivienda vacía a su hijo y su esposa en lo que construían un bohío. Pero esto se demoraba debido a las horas de trabajo y al poco dinero que sobraba para poder comprar lo que se requería.

Llegó la revolución, el dueño de las tierras abandonó el país y ellos se quedaron viviendo allí. La reforma agraria y las nuevas leyes le entregaron una parte de la tierra y le dieron la propiedad de la casa que habitaban.

El hombre enviudó, pero podía enviar a sus hijas a la escuela rural y también al médico, si era necesario, así se graduó de enfermera.

Hoy tiene 92 años, vive con la hija que le quedó y su nieta , sigue sembrando tabaco, se levanta cada día a las 5 am, vive en una casita más pequeña, pero más nueva, porque la otra se deterioró mucho, es la más antigua de la zona, tiene más de 200 años. 

En este momento la han proyectado para reconstrucción por el municipio, debido precisamente a su antigüedad, continúa siendo de la familia y el Estado es quien pretende conservarla como monumento más adelante.

Este hombre, lo conocí en febrero de este año, porque un amigo de Pinar me dijo que habían hecho una nota en la prensa local y él expresó que deseaba conocer algún familiar de Alberto.

Mi amigo pensó que yo accedería a visitarlo y no se equivocó, me ofrecí rápidamente a consumar la visita.

Él es un profundo agradecido de los beneficios que yo podría llamar demasiado humildes -desde mi perspectiva-, pero son, para él, motivo de agradecimiento y amor eterno. Ahora que ocurrió la muerte de Fidel, enseguida pensé lo muy triste que estarían ellos, porque son gente de afectos profundos y no por motivos políticos, sino humanos. Realmente de política no sabe nada.

Me hizo sentir muy mal saber que cuando escuchó de la muerte de mi padre salió muy temprano en la mañana en transporte público hacia La Habana para estar presente en el entierro, allí llegó y allí estuvo, pero nadie lo vio porque nadie sabía quién era él, ni yo!

Cuánto lamenté no poder estar cerca de él cuando mi padre fue llevado a su aposento final, porque pocos hay hoy que tengan su lealtad y su voluntad para expresarla y pocos que realmente sientan la tristeza sincera de perder a un amigo que es familia. 

Y yo pregunto, ¿alguien puede acusar, desvalorizar, ofender, atacar u odiar a esta magnífica persona por sentir de la manera que siente sobre la revolución y el líder?

Quizás no le interesan las cosas que muchos deseamos, tal vez su vida es tan sencilla que lo que tiene es suficiente y lo hace feliz y agradecido. Cada día a las 6 pm cuando regresa del trabajo se toma un vasito de aguardiente y a las 7 se va a su cama.

Su vida ha sido siempre dura y rutinaria, pero él piensa que nunca ha sido más feliz a pesar de ser viudo y haber perdido a su hija enfermera de 21 años, pero él tiene algo que hemos perdido todos , paz, amor y alegría, y lo tiene a pesar de los pesares y con muy poco, -desde mi perspectiva-.

Por eso lo respeto, por eso respeto sus sentimientos y sus convicciones cuando dice que si hace falta luchar por lo “conseguido”, él será de los primeros en defenderlo.

Yo sólo me sonrío y siento que lo quiero mucho, y no hay nada que impida ese amor aunque esté tan lejos de sentir como él siente o de pensar como él piensa. Sólo que es muy sencillo entenderlo, es demasiado fácil ponerme en su lugar.

Espero poder abrazarlo otra vez, llegar a su casa es todo un laberinto, pero vale mucho la pena sentir el afecto que me heredó por ser hija de su amigo, sentarse a comer esa comida de campo hecha con tanto gusto por agradar a la hija de su amigo, por agradecerle la visita que le hizo, vale la pena volver a sentirte humano y estar con ellos.”

Sin desperdicio.

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